UN RETRATO DEL SUR

Gonzalo carreto

Un aperitivo

Amoavé

– Una expresión que te caracteriza: referirme como «hijo» o «hija» a cualquiera (desde mis padres hasta un desconocido).

– Un momento de tu vida que revivirías una y otra vez: no me puedo quedar con uno, imposible (gracias a Dios).

– La persona a la que más admiras: Santa Teresa de Jesús

– Un lugar donde vivir: Sevilla

 

Cotilléale

– Un famoso o personaje histórico con el que te
encantaría hablar:
Federico García Lorca o Gaudí.

– Un cliente con el que te encantaría trabajar: una institución patrimonial o un museo.

– Un sueño por cumplir: tener una casa con patio lleno de pilistras, helechos y algún retablo cerámico con farolitos.

 

Hace poco me terminé un libro: Feria, de Ana Iris Simón. Me lo recomendó Carmen, como era de esperar. Todavía la veo presumiendo de ser la que mejores recomendaciones hace a todos sus amigos en lo que a materia de libros se refiere. Pero es cierto. Gonzalo y yo llevamos días peleando por ver quién se hace antes con el libro que tan enganchados nos tiene a la vez. Una disputa que, al final, acabo ganando yo todas las mañanas. Hemos llegado a un acuerdo: yo lo llevo conmigo en todos los trayectos en bus a la oficina; él lo custodia por las noches.

Recuerdo una de esas mañanas de frío que te cala hasta los huesos. He conseguido milagrosamente un asiento vacío en un autobús repleto de gente soñolienta. Me dispongo a abrir el libro y encuentro esa factura de la compra de la semana pasada que hace las veces de marcapáginas para Gonzalo. El mío, en cambio, unas cuantas páginas más por delante, no puede ser más cursi.

Pasan 5, 10 minutos, y continúo viajando por la infancia tierna y nostálgica que retrata su autora. Una oda a una España que ya no existe, pero que invita a volver la mirada al pasado, cuestionarse las bases del mundo moderno y hacer un repaso a lo que muchos consideramos lo más sagrado: la tradición, la familia, el habla o el territorio, sin olvidar que lo único que siempre permanece y que hace que sigamos habitando en la mente de los demás es, sin duda, la memoria.

Pasa un día, una semana, dos. Marzo. Hace un poco de frío nada más salir de casa, pero a la salida del trabajo ya empiezan a asomar las primeras hojas de los cerezos. Eso me recuerda a que en Sevilla en un par de días será primavera, y entonces cierro los ojos en un intento desesperado de oler a azahar, de sentir ese algo en el ambiente que tanto caracteriza al abril de nuestros amores.

Ahora, muchos kilómetros más lejos de casa y con el único recuerdo de las calles atestadas de vida, camino de vuelta inmersa en historias ajenas que hablan de amor, unidad y autenticidad. Historias que dejan huella. Me viene a la mente mi propia familia, a mi tía Carmen suplicándome que escriba un libro con todos nosotros como protagonistas y entonces envidio a Ana Simón. Porque ella, a diferencia de mí, ha tenido la valentía para enfrentarse a los recuerdos y ha sabido encontrar las palabras adecuadas para describir las cosas importantes de la vida.

“Para sentir que uno pertenece a algo o a alguien, o que algo o alguien le pertenece a uno, es necesario entender sus tramoyas”, se puede leer en Feria. Y entonces me acuerdo de mi Sevilla, de sus tradiciones, de la Feria, de mi familia… Sin embargo, ya no soy capaz de encontrar la definición perfecta, de tratar de describir Sevilla en primavera sin que aparezca Gonzalo en esta ecuación. Son dos cosas inseparables que forman un todo.

Gonzalo, como habréis podido adivinar, es un enamorado de su tierra, andaluz por los cuatro costados, la definición más clara de qué es ser del Sur. De nacimiento de El Puerto de Santa María, pero con el alma dividida entre Cádiz y Sevilla.

Gonzalo es graduado en Bellas Artes, un artista de los pies a la cabeza desde que era un niño, aunque por aquel entonces no lo supiera. Su característica personalidad y su pasión por el arte, la Semana Santa, el flamenco y El Rocío son su sello personal, algo que lleva por bandera a cualquier parte, incluso por las calles de Madrid donde vive actualmente.

¿Qué significa para ti ser andaluz?

Podría decir que un orgullo, que una gran suerte; aunque sin dejar eso atrás, para mí ser andaluz es sentirme parte de una colectividad e identidad en la que me reconozco día a día y que ha conformado mi forma de ver y sentir mi alrededor.

¿Qué es lo que más te enamora de Sevilla?

De Sevilla me enamora su sentir colectivo para todo. Para sus fiestas y tradiciones, para opinar sobre la evolución de la ciudad en el día a día o para reconocerse en un montaito de pringá. Eso ha creado un estilo y una forma de ver, hacer, crear, sentir y vivir la ciudad única. Aunque si te soy sincero, no sé si parte de ese enamoramiento de Sevilla viene además del hecho de sentirme parte de ella (no habiendo nacido allí), y de vivir en esa ciudad mítica, imaginada e irreal en la que muchos vivimos de vez en cuando. Pero eso ya es otro melón por abrir.

Tú siempre dices que las buenas ideas nacen de unir puntos de mundos que a priori pueden parecer contrapuestos. ¿Crees que la tradición y lo moderno pueden ir de la mano?

Lo moderno siempre parte de la tradición. Y la tradición es tradición porque existe lo moderno y se enriquece de ello. Es imposible que uno viva sin lo otro. Aunque creo cada día pienso más que esa división entre lo tradicional y lo moderno es más impuesta que real.

Eres Junior Designer en Weber Shandwick, una consultora de comunicación. Cuéntanos qué haces en tu día a día. ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Me gusta hacer cosas bonitas y que al menos, durante un segundo, produzcan un placer estético. Por otra parte, es una gozada inventar e imaginar cosas que sorprendan a los demás y les haga sentir algo diferente de la rutina del día a día.

¿Cuál dirías que ha sido tu mayor aprendizaje a lo largo de tu carrera profesional?

Que más vale práctica que teoría. Es más importante resolver problemas con un poquito de age que perderse en un sinfín de conocimientos técnicos y solo poder resolver algo en concreto.

¿Qué tres cosas dirías que necesita tener todo creativo?

Valentía, confianza y curiosidad.

¿Qué consejo le darías a alguien que quiere iniciarse en el mundo de la comunicación?

Que vea, lea, escuche, mire y esté muy atento de todo lo que pasa a su alrededor. Se comunica en el mundo de hoy, no en el de hace un año o un mes.

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