– Último trabajo artístico que has hecho: unos claveles hechos con una caja de rotuladores de cinco euros de dudosa calidad.
– Última canción que hayas escuchado: «Si te vas…» de Extremoduro. La tiene puesta Carmen en la cocina y la escucho de fondo mientras respondo a las preguntas.
– Lo que nunca falta en tu bolso: cacao labial. Imprescindible tanto en verano como en invierno.
– La persona que más te inspira: mi padre, ejemplo de esfuerzo, sacrificio, generosidad y vocación.
– Un referente en tu vida: mi madre, ejemplo de alegría, esfuerzo y creatividad.
– Un lugar para vivir: SEVILLA. Así, con mayúsculas.
– ¿Sevilla en…? Dicen que Sevilla en primavera. Yo digo Sevilla siempre.
– Un sueño por cumplir: formar una familia.
Hay días en los que parece que el mundo camina en la dirección contraria a las agujas del reloj. Son días en los que te despiertas por la luz que entra por la ventana y no por el despertador que has apagado por inercia hace media hora (tarde, por supuesto). Días en los que pierdes el autobús cuando creías rozarlo con los dedos y mientras piensas que seguro que el conductor te ha visto por el retrovisor, pero ha decidido ignorarte. Días en los que te ves desde fuera pensando en que nada ya puede sorprenderte y, al final, claro que te acaba sorprendiendo. Sin embargo, lo bueno de estos días en los que tocas techo —y sin que suene a topicazo— es que ya todo solo puede ir a mejor.
A mí personalmente estos días me da por ponerme intensa, pero no al nivel de drama que ya llevo de serie, sino intensa tipo me lo cuestiono todo, me fijo en todo. Días así solo pueden solucionarse con una buena dosis de cerveza con amigos o personas que son luz.
Permitidme ponerme intensa un segundo. Corriendo el riesgo de equivocarme, me atrevería a decir que todos tenemos a alguien que nos ilumina hasta los días oscuros. Esas personas son capaces de cubrirte con su paraguas y traerte el sol con un simple chasquido. Aunque en realidad, da igual cómo. Todos tenemos a alguien y todos tenemos a alguien como Rocío.
Cuando conocí a Rocío, recuerdo que no escuché su voz. Bueno, de hecho, ni la vi. Sencillamente se rio. Era un 1 de octubre extraño. Después de 3 años tras haber acabado la carrera y 2 años y medio de mi primera experiencia profesional, volvía a la universidad con todo lo que eso conllevaba. Entre otras cosas, enfrentarme a mí misma y al futuro incierto que a todos nos aterra. Volví a sentirme como el primer día de carrera, pero un poco más mayor y con más miedos si cabe. Y entonces la recuerdo a ella, con esa sonrisa en la cara, ese brillo en los ojos y sin parar de reír. Ahora un año más tarde la sigo escuchando, incluso minutos antes de dormir. Por supuesto, una de las cosas más bonitas que me ha regalado Madrid.
Y fíjate, quién nos iba a decir que acabaríamos aquí, tan lejos de casa y a la vez tan cerca. Porque al final, casa es donde uno se siente feliz, por muchos kilómetros que nos separen. Gonzalo es casa. Carmen es casa. Rocío es casa. Sobre todo, cuando estamos; mucho más cuando ella vuelve de Sevilla.
Rocío es de esas personas que ahora llaman persona vitamina. Yo siempre la he considerado así. De las que conoces y automáticamente te encanta. De las que hacen brillar a los demás con su alegría y forma de ver la vida. De las que trae la fiesta sea donde sea. Y donde hay fiesta, hay personas. Por eso siempre la verás en buena compañía, siendo el alma del grupo y dejando huella en cada paso que da.
Rocío ha estudiado Bellas Artes. Una artista de los pies a la cabeza. No lo digo yo, claro. Basta con ver todo lo que hace con un lápiz y un papel. Pero no solo eso. Como apasionada de la moda ha estudiado comunicación de moda y marketing digital y un máster en comunicación corporativa, lo que hace que tenga un perfil impresionante. En este último fue donde se acabó interesando por la comunicación interna.
Para ella, poner a las personas en el centro es esencial, ya que suponen la mayor ventaja competitiva de las organizaciones. Y si ya a eso le sumas el plus de la creatividad, seguro que es un éxito asegurado. Actualmente, trabaja en el departamento de comunicación interna de EY, algo que le ha permitido trabajar la comunicación desde el factor humano y aportando ese toque tan suyo, siendo el pegamento que une a los equipos en la consecución de los objetivos de empresa.
Creo que soy una creadora de cosas porque me gusta ir más allá. Por mis estudios y mi trayectoria me podría encasillar en un perfil más técnico, que sobre todo ejecuta, pero tanto en mi vida personal como profesional me gusta inventar, tener ideas, planificar cosas (aunque nunca vayan a suceder, como viajes utópicos con amigas). Mi parte favorita de cada proyecto es la inicial, cuando un equipo se junta para hacer un brainstorming sin limitaciones, solo lanzando ideas, sin juzgar e ir manipulando esas ideas para darles forma, o saltar de una a otra hasta llegar a la idea final.
Me dedico a la comunicación interna, y tengo la suerte de trabajar en una compañía que le da prioridad a este ámbito, y que, además apuesta por el bienestar, la diversión y sobre todo la creatividad.
Por ahora mi trayectoria profesional no es muy extensa, he estado casi un año en AXA Seguros Generales, en el departamento de Comunicación Interna, y recientemente he empezado una nueva etapa en EY. Mi foco es claro y a la vez ambicioso, pero creo firmemente en la importancia de este sector a nivel interno y cómo mejora el engagement tanto interno como externo.
Mis años de carrera me han enseñado mucho y creo que ha sido clave haber estado 5 años desarrollando y trabajando mi creatividad cada día y aprender a materializarla para enseñarla a los demás. Sin embargo, sentía que necesitaba enfocar todo lo aprendido al mundo laboral, recogerlo todo y darle un sentido. Eso ha significado este cambio para mí, una vía para aplicar todo lo aprendido, un “salvavidas” y un ámbito apasionante antes totalmente desconocido para mí.
Más que el arte, pienso que la creatividad, las herramientas técnicas ligadas al diseño y el conocimiento estético se compaginan 100% con la comunicación interna. Y no solo que se compaginen, sino que van ligadas, no sobrevivirían la una sin la otra
Hay que ser creativo, activo y tener la mente abierta todo el tiempo para ser ese nexo entre la compañía y sus empleados; y no solo eso, sino también crear imparto para que repercuta a nivel externo.
No me gusta limitar la creatividad al diseño, al audiovisual… y en definitiva a cosas visuales. Creo que cualquiera puede ser creativo en muchos ámbitos: en el profesional, en su forma de ver el mundo, en sus amistades y otras relaciones… La creatividad es una herramienta, un arma con la que poder enfrentarte a las cosas y, sin duda, con la que poder diferenciarte.
¿Sinceramente? No sabría decirte. Muchas veces lo he pensado y no he llegado a una respuesta clara. Creo que no todas las personas son igual de creativas, pero sí que es algo que puede trabajarse y cada uno puede tener su nivel. Pienso que es difícil compararse en el ámbito de la creatividad.
Lo que más me gusta de mi trabajo es que no te puedo contestar a la primera parte de esta pregunta. Casi no hay un día igual, así que mi día a día es cambiante. Me encanta conocer a muchas personas, poder hablar con ellos, que me cuenten sus experiencias… También saber que mi trabajo tiene impacto real, llegamos a miles de persona con cada comunicación, campaña… Me gusta trabajar en un equipo heterogéneo y multidisciplinar, que no tiene miedo a innovar y a hacer cosas disruptivas.
No sé si es un consejo, pero como persona que aún se está iniciando en este mundo, le diría que es importante estar siempre al loro, anticipándose a cada situación y con una mente activa y abierta; que eso a veces es agotador, pero que si realmente es lo que quiere hacer, lo sabrá.
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